lunes, 24 de marzo de 2014

Terrores de una madre en el parque

Ayer, atípico domingo en mi familia. Generalmente pasamos el día en casa de mis padres, mi hermano también está ahí con sus pequeñas y entre mis hijos, los suyos y la de mi hermana que viene a veces, se despapayan y juegan hasta que llega la noche y caen rendidos de lo lindo.

Pero resultó que mis padres se fueron de paseo, mi hermano tenía sus cuantas ocupaciones y mi hermana no vino. Así que pasamos el día en casa de mis suegros, donde también tienen con quien despapayarse mis bebés y una rica piscina que mi hija no perdona cada vez que vamos. Adora estar en el agua y más con este calor. Todos pasamos una bonita tarde, comimos rico y jugamos hasta arrugarnos en la piscina (en el caso de Netito, hasta que el pañal se lo permitió).

Y ya cuando iba cayendo la tarde, cansada de tanto jugar mi Ely se queda dormida, lo cual no es conveniente porque si duerme mucho en la tarde, en la noche no hay quien la frene para dormir. Entonces decidimos ir a visitar el nuevo parque del Cerro del Tablazo, obra reciente y desesperada del alcalde saliente.

Digo desesperada porque convenientemente la inaguraron el día de cierre de campaña para las elecciones y a leguas se nota que no la terminaron a tiempo, además de la falta de uniformidad en ciertos tramos, aparte que, lamentablemente, no se le está dando el mantenimiento correcto. Pero bueno, para criticar la obra civil y la política de mi cantón será en otro rato.

Lo que hace bonito este parque son las áreas que sí están adoquinadas o donde se colocó césped sintético. Está, podría decirse que bien iluminado y hay gran cantidad de juegos. Pero a decir verdad, la mayoría son para niños de 7 años en adelante, haciendo que sea un tanto peligroso para los de menos edad.

Entonces, qué hago yo ahí con mis dos enanos menores de 3 años? El Netito que se cree muy independiente, ni bien vio las áreas abiertas y patitas para qué te tengo. Su papá salió corriendo detrás de él mientras yo llevaba a Ely de la mano que brincaba de la emoción viendo tanto juego.

He ahí donde entra la madre sobreprotectora-paranoica-neurótica que a veces soy. Todo lo implique un mínimo de riesgo para mis cachorros me sobresalta y ando con las antenitas para arriba. Lo que realmente me pesa de eso es que a veces me dejo llevar por tanta precaución y no me permito disfrutar de lo bonito que pasan todos los demás.

Lo intenté, no lo niego. Con una sonrisa llevé a mi Ely al primer juego que vio que era un conjunto de resbaladeras, puentes, escaleras. De la manito le ayudé a subir y se deslizó por el primer tobogán que a mi criterio tiene tanta pendiente que un poco más y es vertical con caída libre. Primer terror: que la niña escale sin barandas de protección a los lados. Segundo terror: que se golpeara al final de la deslizada y caer al piso. Para futuras resbaladas fui suficientemente precavida como para irla sujetando y que se vaya deslizando despacito.

Tecer terror: que tanto niño grande circulando por ahí me la hicieran caer! A cuanto niño le tuve que decir: ey! cuidado! es una niña pequeña!. Cuarto terror: la niña se pone a saltar en el puente y le causa gracia, a mí no. Quinto terror: se mete en el tobogán cerrado! Nena, dónde estás? Te metiste, te deslizaste o saldrás por la misma entrada en un ratito? Voy a la salida y veo que viene feliz deslizándose con las manitos hacia arriba.

Vamos a otro juego, si? Ok, vamos a los columpios. Ahí me acordé de Rachel de Friends y su terror a éstos. Me reí, yo no soy tan paranoica como para pensar que a mi hija se le enredará el cabello y tendré que cortárselo generándole un trauma de por vida, pero sí como para analizar si los tornillos del asiento estaban bien apretados (después de ver a otro papá haciendo lo mismo) y verificar que la nena se siente bien (cómo es que no ponen respaldar en estas sillitas?).

Al rato mi nena se aburrió de esto y fue a buscar nuevas aventuras, se encontró con un carrusel donde había niñas chiquitas adentro y niñas mayores afuera haciéndolo girar. Lo que me alivió de este juego es que había un poco de madres tratando de ubicar bien a sus pequeñas y controlando el juego. Ahí si me sentí identificada. Mi nena entró y yo "Ely, sujétate bien, aquí voy a estar" mientras otras madres repetían lo mismo a sus retoños a mis lados.

Bonito, pasó y llegó Netito con su papá después de recorrerse todo el parque corriendo. Papá me dijo: "cambio, te toca". Cogió a Ely y se fue y yo tuve que salir disparada atrás de Neto.

Nuevos terrores: un piojito entre tanta gente! me lo van a pisar! Pero él se iba riendo, sorteando piernas aquí y allá, quienes lo miraban lo hacían encantados de ver cómo se reía este bandido y ver a la madre atrás de él. Lo que me recuerda una de mis notas mentales: no ir al parque con blusa escotada! Tener que agacharme a coger a Neto daba un primera fila a mi brassiere, y vista en HD cuando lo trepaba a mi y por berrinchudo me jalaba la blusa. Así es como debe cambiar el vestuario de una madre...

Neto tratando de treparse al carrusel. No, amor, tú eres muy chiquito para eso! Pero él, obstinado queriendo acercarse al carrusel en plena marcha y yo espantada tratando de detenerlo. Berrinche. Focazo. Vámonos Neto.

Después de un rato me encontré con su padre, los dos sudando la gota gorda. Es hora de irnos. Se nos cruza un man disfrazado de Barney a darle a Ely un juguete para hacer burbujas. Qué mejor forma de vender! Ely hace ojitos y mi esposo saca un dólar para pagar el juguete.

Así concluye un día de parque normal. Ni más! Venir yo sola con mis pequeños al parque? Nooooo... si entre dos nos hicimos bolas. Quizás cuando sean más grandes, y más inquietos, y se vayan por su cuenta.... noooooo!

No sé quien llegó más molido a la casa, pero al final después de comer y bañarse cayeron rendidos los enanos y los padres nos aguantamos un poquito para tener tiempo de mamá y papá a solas, tomar un traguito y relajarnos del fin de semana.

Quién dijo que el fin de semana es para descansar? Seguramente, no tenía hijos xD

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