martes, 29 de abril de 2014

Las madres y los hijos: la espera y el regreso

Resulta que el día de hoy me quedé en casa de mis padres trabajando aunque ellos no se encuentran aquí pues cada uno anda en sus obligaciones diarias. Pero llegó la hora en que mi mamá regresa de su trabajo y salí del estudio a saludarla, como siempre hice mientras viví en esa casa. Mi hermanita hizo lo mismo (tenemos la misma costumbre) y mi mamá dijo una frase que me puso a pensar: "que lindo que dos de mis hijas me reciban!"

Ella estaba feliz porque hoy dos de sus hijas estaban en casa, pero a mi la frase me puso un poco triste, la verdad. Y es que, los otros tres hijos mayores no estaban aquí, cada uno con su vida por su lado ya no salen a recibirla al llegar del trabajo.

Me puse a pensar en todos los días cuando regreso a mi casa después de una jornada laboral. Siempre llego cansada pero todo se me pasa cuando en la puerta o desde la ventana veo las sonrisitas de mis bebés que de inmediato se lanzan sobre mi a llenarme de abrazos y besitos. Es la mejor parte de mi día, es como dejar el cansancio y los problemas laborales de la puerta pa' fuera motivada solamente por ese par de bichitos.

Y me dije: qué sería el día que yo regrese a casa y mis hijos ya no salgan a recibirme? se me hizo un nudito en la garganta...

Llegará el día en que ellos hagan su vida, y si Dios permite estaré ahí para verlos irse... y estaré esperando en casa cada vez que regresen.

Hay una canción de la iglesia que me llena de lagrimitas desde que mi abuelita falleció, pues describe muchas actitudes de una madre hacia sus hijos y que ella siempre tuvo con nosotros, sus nietos:

"Al regreso me encendías una luz
sonriendo desde lejos me esperabas
en la mesa la comida aún caliente y en mantel
y tu abrazo es mi alegría de volver"

Así somos los hijos, la ley de la vida nos hace tomar nuestro camino alejándonos de nuestros padres.
Así somos las madres, siempre esperando al hijo cuando regrese, preparadas para recibirlo con el mismo cariño porque, como dice la misma canción "una madre no se cansa de esperar".
Así somos los hijos cuando nos convertimos en padres, nos encanta que nos reciban al regresar y nos ponemos tristes al pensar que un día también se irán y no habrá quien nos salude al llegar del trabajo.

Bien dicen que cuando nos convertimos en padres es cuando entendemos a los nuestros. Ahora lo sé y aunque no he vivido ni la décima parte de lo que ellos hicieron por mí hoy estoy segura de dos cosas: una, que sin dudar haré lo mismo por mis hijos y dos, que estoy infinitamente agradecida por lo que han hecho por mí.

lunes, 28 de abril de 2014

Momentos con mi pequeño

Tengo que admitir en esta entrada que muchas veces me siento culpable del tiempo que paso con mis hijos. A veces siento que a uno le dedico más y a otro menos, no siempre al mismo pero no me puedo repartir a partes iguales todas las veces! Es una culpa con la cual cargo a diario.

Y si a eso le sumamos que la diferencia de edad entre mis enanos es de 1 año y 7 meses, quiere decir que ese tiempo he pasado de más sola con mi nena y menos tiempo que le he dedicado a mi chiquito. No sé si me explico.

El caso es que, la maternidad con ambos ha sido muy diferente. Como les he contado, yo me quedé en casa con Ely desde su nacimiento hasta los 8 meses que volví a trabajar pero, en cambio, con Netito tan solo tuve las 10 semanas después del parto que según la ley se dan por permiso de maternidad.

Es así que, mientras me quedaba con Ely tuvimos muchos momentos tiernos. A veces nos quedábamos solas en casa, jugábamos toda la tarde y algo que me encantaba: nos dormíamos juntas después de almorzar.

También intenté con Netito estas cosas, pero sucedió que cuando él tenía 4 meses ya era bastante inquieto y un día mientras dormíamos juntos se cayó de la cama. Desde ahí tuve miedo a quedarme dormida con él y no lo volví a hacer.

Por eso me entra la culpa y me pongo a pensar que no he tenido tantos momentos de apachurramiento con mi Neto como los tuve con Ely. Claro que jugamos, lo abrazo, lo beso y le digo cuanto lo quiero todos los días pero esto de dormir juntos es algo que no volvimos a experimentar.

Sin embargo, hace tres días él me regaló uno de esos momentos. Había llegado yo cansada del trabajo (para variar) y después de bañarme decidí acostarme un momentito y que mi esposo se quedara al cuidado de los bebés. Para esto, he de decir que el tiempo que pasó antes de irme a dormir (siempre juego un poco con ellos al llegar del trabajo) lo había pasado de malas pues Neto estaba muy inquieto y pasó lanzandome juguetes y pateándome.

Pero al estar ya todo tranquilo, fue a buscarme a mi cuarto mientras yo estaba en plan dormir. Se acercó quedito como sin querer molestar, y medio tocó la cama del lado que yo estaba a ver si reaccionaba. Yo, medio abrí los ojos y él sonrió. Volvió a tocar la cama como pidiendo permiso para subirse, a lo que con esos ojitos irresistibles que tiene no le iba a decir que no así que le extendí mi mano para que se agarrara y subió.

Este niño tiene algo que me encanta: aunque a veces es tosco otras veces es muy tierno y me derrite. Me dio un gusto cuando en mi cama se fue haciendo lugarcito, acomodándose a como yo estaba y haciendo que yo me acomode a su posición para luego quedarnos juntos, abrazados y tranquilos en posición de dormir.

Es tan inquieto él que ese momento apenas duró unos 10 minutos, pero esa carita suya mirándome como diciendome "mami, hazme dormir", me llenó. El abrazito tan rico, su olorcito, su pielcita suave... Me enamora este niño! Son tan poquitos los momentos que hemos vivido así que los atesoro.

Mi godito tiernito. Cada día te quiero más. 

sábado, 12 de abril de 2014

A un paso de tus 3 años. La definitiva

Pasado ya el susto inicial que nos dio la nena volvimos a casa con mi promesa de reposo y óptima alimentación en preparación al parto. Para esos días me dolía mucho la mano, pues nadie me dijo que el suero de hierro era tan pesado y a decir verdad no me pasó ese dolorcito incluso hasta días después del parto.

Cuando regresó la doctora de sus vacaciones pedí inmediatamente una consulta con ella. Llevamos todos los exámenes que me habían hecho durante mi estadía en el hospital, entre ellos, una ecografía. Después de revisarlos y revisarme a mí me indicó que mi nena estaba ya encajándose en el canal de parto y que no podía dejar que descienda más pues, según la ecografía, tenía el cordón umbilical muy corto y corría riesgo de no poder salir.

Sugirió que me internara en el hospital en ese instante y que programemos una cesárea. Era un lunes por la noche y yo no estaba preparada para eso, ni siquiera psicológicamente. Ya que tendríamos que programarla y viendo que aún faltaban unos días para que cumpliera las 37 semanas, le pedí que me la dejara para un día sábado que vendrían mis hermanas y mis suegros, pero ella dijo que no iba a aguantar, que la nena descendería más y se pondría peligroso el asunto. A menos que me quedara en TOTAL reposo pero si me venían contracciones, tenía sangrado o se me rompía la fuente iba a tener que hacer cesárea de emergencia.

Fui a mi casa deseando poder esperar hasta el sábado. La espera más agotadora con ese dolorcito constante en la cadera y con la indicación de no hacer NADA, me desesperé. El miércoles por la tarde empecé a sentir contracciones, aún suaves y espaciadas pero mi esposo y yo decidimos ya no esperar más, no queríamos correr riesgos de que la nena descienda más. Programamos la cesárea para las 8 de la mañana del día siguiente.

Cuántos nervios esa noche! La pañalera lista, lo que yo necesitaría en el hospital listo pero la que no terminaba de alistarse psicológicamente era yo: mi nena ya viene y viene por cesárea, los riesgos, la cortada, la anastesia, la cosida y la recuperación. La nena ya viene, la fecha tan esperada estaba a la puerta y yo imaginándome su carita, como sería?

Llegamos al hospital a las 7 como indicó la doctora para que tuvieran tiempo de preparame. Era una clínica religiosa privada, creo que eso influyó en que el trato sea bastante humanista. Las enfermeras y en general el equipo médico me hicieron sentir muy bien.

Entré solita a la sala de preparación pues mi esposo se habia ido a hacer los tramites de ingreso. Una enfermera me puso un suero y una sonda para drenar la orina durante la operación. Eso dolió y a partir de ahí me puse a llorar por los nervios, pero la enfermera me pidió que me calmara y me iba explicando paso a paso todo lo que hacía y por qué. Me vendaron las piernas, me pusieron la bata, me rasuraron "ahí", y caminando me llevaron al quirófano. Por cierto, súper incómodo caminar con esa bendita sonda entre las piernas... Oish!

Llegó el anastesista, un tipo joven que en un principio no me dio confianza pero en cuanto me habló y me explicó cómo se ponía la epidural me tranquilizó por su tono seguro y a la vez me horrorizó saber lo que me iban a hacer. Mi doctora que para eso ya había llegado me miró a los ojos y me dijo: "vamos a hacer esto juntas, todo saldrá bien, no llores más que después puedes tener complicaciones". Es que mis nervios! oish! ver tanto aparato médico, agujas, cuchillos, batas, la maldita sonda que molestaba, mis piernas inmovilizadas y mi esposo no estaba ahi!!Donde está mi esposo? Ahi viene, me dijo la doctora.

Debo decir que en verdad ni sentí como me pusieron la agujota esa, la doc me ayudó a encorvarme y sentí un ligero pinchazo y la voz del doctor diciendome "ya está" "eso es todo? ni senti". Manitos de ángel había tenido ese doctor.

Me acosté, me extendieron los brazos, me levantaron un poco la cabeza. Llegó mi esposo con el traje azulito y sentí un gran alivio excepto porque la posición me estaba sofocando.

- Amor, háblame de algo
- De qué?
- No sé, de cualquier cosa... de esas historias de cómics que siempre me cuentas.
- No se me viene ninguna a la cabeza orita! (pobre, también estaba nervioso, sólo que trataba de no demostrarlo)
- Ya empezaron?
- (Se levantó un poquito, miró y regresó con cara de "lo he visto todo") Si, ya empezaron, acabo de ver tu útero.
- Señor, quédese sentado!
- Ok
- Oish!

Pensé que sentiría cuando me cortaran o por lo menos un cosquilleo pero nada, solo sabía que ya me habían cortado por medio ver al equipo médico como iba y venía. Al rato escucho un llantito, pero no era claro, como de alguien atrapado.

- Ahi viene ya - dijo la doc.

Un par de segundos después el llanto se hizo más claro y llegó a ser un fuerte grito, ese llanto de bebé que solo escuchas una vez en la vida: el anuncio de su llegada con toda la fuerza de sus pulmoncitos. Era un llanto completamente diferente a cualquiera de los muchos que escuché después, este tenía un tonito único, como que mi bebé viniera gritando "por qué me sacaron!? ahora ya estoy aquí y me haré escuchar! donde está mi mamá?!"

Unas lágrimas cayeron por mis mejillas, pude ver a mi nena y no era como me la había imaginado, era mejor! Pasé meses pensando en su carita si sería parecida a mi o a su papá, pero ahí estaba pareciéndose a ella sola, única como es. Solo una madre podría mirar a su bebé recién salido del horno, aún sucio, ensangrentado y ver la belleza en todo aquello.

Así la vi, así la amé más. El segundo preciso que quedó marcado por el resto de mi vida y siempre recordaré.

La doctora me la acercó un poco, mi esposo le tomó fotos (lamentablemente, se me perdieron en un celu que se me robaron) y se la llevaron.

- Amor, por favor, anda con ella, que esté bien, llévale la ropita... - para eso mi esposo ya se estaba levantando corriendo atrás de su hija que iba en brazos de la pediatra.

El resto de la operación tendría que ser aburrido, supuse yo, pero debido al llanto mi nariz había empezado a taparse, y yo sin poder mover la cabeza o manos para acomodarme y poder respirar mejor. Empecé a desesperarme: "doctor, no puedo respirar!" "ya ve, eso le pasa por estar llorando... calmese, ya le vamos a acomodar".

Pero me desesperé, sentí la garganta seca, me dieron naúseas, sentía que quería vomitar... no sé qué más pasó porque yo seguía diciendo que no podía respirar y al rato me dormí. No sé cómo me sacaron del quirófano, mi esposo me contó después que el regresó y me vio como desmayada con los ojos abiertos y que me estaban pasando de una cama a otra. Lo siguiente que recuerdo es medio despertar en una sala de recuperación temblando terriblemente y ver un alma caritativa que se acercaba a arroparme mientras yo caía en un profundo sueño.

Me desperté horas después en esa misma sala donde no había nadie. No sabía si llamar a alguien o qué, me preguntaba por mi nena: donde estaría? tendría hambre? se habría dormido? mi familia la habría visto ya?

Al rato llegó una enfermera a ver si ya había despertado yo, me quitó las vendas de las piernas y me revisó a ver si me podía mover y tal. Me ayudó a cambiarme de ropa, quitarme la bata de operación y ponerme una mía. La mejor noticia que me dio fue cuando me dijo que mi nena estaba bien, que el chequeo que le hizo la pediatra estaba todo normal y que se había quedado dormidita en el cunero pero que ya estaba por despertar y me la traería para que le diera de comer.

Hermosa imagen de mi nenita toda vestida de rosa, con su gorrito y guantes. Pequeñita y frágil. La pusieron a mi lado e intentamos la lactancia por primera vez, creo que eso será otro post. Por lo pronto, esta fue la historia de cuando nació mi nena hace tres años ya, y nací yo como madre suya.


viernes, 4 de abril de 2014

A un paso de tus 3 años. La previa

Inicios de abril del 2011. Me disponía a salir de casa con mi esposo en busca de una antojada hamburguesa. Mi pancita ya bastante grande para esos días me presionaba mucho la vejiga así que mientras esperábamos al taxi quise ir al baño.
Oh, sorpresa! Algo raro está pasando aquí. En mi ropa interior había una especie de secreción medio café, medio mocosa, medio rara. Yo en mi vida había visto algo así. Lo más prudente era limpiarlo y luego contarle a mi esposo lo que había visto.

Él no tenía idea pero tenía el presentimiento de que no era algo que debía pasar en esos momentos, así que me pidió que llame a mi mamá, que en cuanto se enteró me dijo que llame pronto a mi doctora. Expliqué la vergonzosa situación cuantas veces! Y al final, la doc me dijo "tienes dolor?" "no" "no todavía, por si acaso ándate al hospital y que te chequeen, se te ha salido el tapón mucoso y eso quiere decir que puedes empezar la labor de parto"

Ah? Pero apenas había cumplido las 35 semanas! Y yo quería una hamburguesa! Cambiamos el destino del taxi y nos dirigimos al hospital donde teníamos previsto que nacería nuestra nena. Para mala suerte, mi doctora estaba saliendo de vacaciones y no regresaría sino hasta la siguiente semana. Ni modo, me dejé revisar por la doctora de reemplazo y tuve que ponerla al día de todo lo vivido en 8 meses de gestación.

Me hizo un tacto (oish! nunca me acostumbraré a que las ginecólogas tienen que tocar TANTO por "ahí") y dijo que me preparara para pasar la noche en el hospital. Y yo seguía con ganas de hamburguesa!, pero por recomendación del personal médico fui a merendar algo suave (pollito asado y papas, ñumi!). Ese lugar cerca del hospital tiene el pollito más rico y cada vez que lo visito recuerdo esa noche y sus angustias, yo pensando que mi nena nacería en minutos.

Uy! y si mi nena nace en minutos, yo no traje nada! Claro, como yo me había vestido para salir por una hamburguesa no para pasar la noche en hospital y faltando aún semanas para la FPP, ni siquiera había pensado en ropa de bebé, pañalera, pañales, batas... Gracias al cielo mi abuelita, que en paz descanse, había pensado ya en todo y tenía la ropa de la nena lavada, planchada, separada y ordenada.

Para esto ya toda la familia estaba al tanto. Siendo ya casi las 10 y algo de la noche mis padres y hermanos salieron de sus casas, me fueron a ver e incluso me prestaron el carro para ir a la mía a buscar lo necesario. Mi mamá por su lado se lució haciendo las primeras compritas de bebé: pañales, aceite de bebé y lo que yo hasta ese momento no me había enterado que iba a necesitar: toallas sanitarias postparto.

Recuerdo cuando llegué al hospital con maleta en mano y nervios en la otra. Toda mi familia ahí afuera para que los guardias nos dijeran que por la hora sólo podría entrar yo y mi acompañante. Lagrimones de mi mamá como si me fuera a la guerra, se despidió de mí: "puja fuerte y no llores, que si lloras al suspirar el bebé se te viene para arriba" o.O Jaja! Es en serio! Bueno.

Durante todo ese tiempo había tenido contracciones bastante suaves y de vez en cuando. Iban a monitorearme toda la noche pues aún no era tiempo de dar a luz y de ser necesario, frenarían la labor de parto hasta que cumpliera por lo menos las 37 semanas ya que antes de eso el niño es considerado como prematuro.

Mi esposo y yo pasamos la noche en vela, durmiendo entre chequeos. Cada cierto tiempo iban a conectarme el monitor y tenía que pasarme contando las contracciones y los movimientos de la nena mientras algo parecido a un sismógrafo registraba los latidos de su corazón. Esa noche tuve varios dolores, contaba cada patadita que sentía. Le pregunté a mi nena si ya estaba lista para salir y cuál era el apuro?

La respuesta me la dio la doctora: la nena tenía taquicardia ocasionada por sufrimiento fetal. De qué? Según los exámenes que me hicieron yo estaba ultra anémica y la nena no se estaba alimentando bien.

OMG! Cómo es posible que mi nena esté sufriendo en mi pancita! Doctora, haga lo que sea pero por favor que esté bien, que no se sienta mal, que no sienta hambre, hago lo que sea! Tranquilícese señora, que vamos a ponerle no uno sino dos sueros de hierro y seguiremos monitoreandola. Hemos detenido el parto con medicamentos a través del suero así que es importante que ud se quede en REPOSO ABSOLUTO.

Para esto ya había amanecido. Mi esposo y yo con ojeras y aunque no lo crean, saber que tienes que pasar acostada en la cama es cansado, particularmente cuando te sientes como ballena y quieres moverte para no sofocarte.

Así pasamos otro día en el hospital mientras se acababa el primer suero, nos dieron el alta una vez verificado que la nena había recuperado el ritmo cardíaco normal y con la promesa de que yo guardaría cama hasta cumplir las 37 semanas. Además tenía que ponerme el otro suero de hierro y si la situación se repetía volver al hospital corriendo.

Benditas atenciones de mi familia. Pasamos el susto y volvimos a casa con los cuidados prometidos a esperar a la nena que tenía apuro en llegar.

Continuará...