jueves, 22 de mayo de 2014

Educación inicial: motivos y miedos

Tenía que escribirlo, mis emociones han estado subiendo y bajando a lo largo del día, y ha sido por una tarea que a simple vista me parecía sencilla pero a la hora de la hora no lo es: Ely entrará al sistema escolarizado a partir de la próxima semana. Con tres añitos cumplidos le toca Educación Inicial.

Debo decir que yo era la más entusiasmada desde el principio, mi esposo no. Él me argumentó muchas veces que la nena estaba muy chiquita y que su manera de "hablar" no se la quiere quitar, que extrañaremos eso y tantas cosas. Yo por mi parte, argumentaba que su manerita de medio comunicarse es correcta a los 18 meses pero a estas alturas del partido ya no, y ya que nosotros pasamos fuera 8 horas al día por trabajo, la nena necesita un sistema regular para aprender que nosotros no podemos dárselo. Al final, gané yo y decidimos que la pondríamos en la escuela.

Aquí es la parte donde, lamentablemente, me voy a quejar del Gobierno de mi país aunque no me gusta hacerlo pues soy una feliz partidaria que ha vivido en carne propia los beneficios que han traído las medidas impuestas. Pero en cuanto al sistema educativo fiscal, como dijo el Presidente: "somos víctimas de nuestro propio éxito".

Por qué? Porque en verdad la educación fiscal ha mejorado muchísimo en estos años: hay más control a los profesores, seguimiento oportuno, programas de alimentación adecuada, distribución de cargas horarias planificadas, etc, etc. Tanto así que ahora todo el mundo quiso inscribirse en este sistema y obviamente, debido a la alta demanda, ha colapsado. Están tratando de arreglarlo pero aún hay muchas deficiencias.

Hemos esperado por meses la asignación de cupos y ver en qué escuela le tocará a mi hijita. Hoy, después de tanto trámite vi la lista y me asignaron la que yo menos quería. Por qué? Porque fui a ver la escuela, la cual recién esta implementando Educación Inicial este año, lo que significa que no tiene un área destinada exclusivamente para los más chiquitos ni tiene aún profesores asignados para ese curso. Además de tener instalaciones muy feas, descuidadas, sin agua potable ni conserje.

Busqué otra opción de escuela fiscal (conocerla primero antes de ver si pedía el cambio) y en esta encontré mejores instalaciones pero alta demanda. Una sola profesora para 36 chiquitos de 3 años. Están locos?! Sin ayudante esa pobre señorita se va a querer suicidar con tanta locura!

De ambas escuelas salí con un sólo sentimiento: miedo. En cada una mi nena quería salir corriendo y mezclarse con los otros niños grandes que jugaban a las corridas, al futbol, pelota aquí, chocando por allá... No, no, no, no, no, no! Los chiquitos tienen que tener su propio espacio lejos de los grandes que los pueden lastimar. No vi eso en ninguna escuela.

Entonces me decepcioné de este sistema y fui a buscar una escuela particular. Y como buenamadre que soy me fui a la mejor recomendada que resultó ser tan cara y exclusiva que hasta me pidieron certificado bancario sólo para acceder a las entrevistas con la directora y psicóloga y ver si pasaba el proceso de admisión. Ok, muchas gracias, tenga buen día.

Punto menos para el Gobierno. Por qué? Porque se supone que hay una normativa que dice a estas escuelas cuánto es lo máximo que pueden cobrar y ésta se pasaba de largo. Quién controla? No sé.

Entonces busqué otra más. Y de esta salí encantada excepto por su precio, que es accesible si pero en mi situación representa un sacrificio. Si bien es cierto que cumplía con la norma en el valor de las pensiones, no era así con la matrícula (que es casi el doble de lo que dice el Ministerio de Educación) y además hay que comprar los uniformes y libros (4 de español y 2 de inglés, mi hija no sabe hablar español pero ya le van a enseñar inglés)

Hemos decidido que se quedará en esa escuela por seguridad. Y es que, las aulas tienen cámaras, las profesoras son parvularias, hay pocos niños y un área destinada a los más peques. Cumple con mis requisitos previos. Ahora veremos que tal es la educación en sí.

Hace un rato conversaba con mi mamá sobre lo largo que me ha parecido este día llendo y viniendo de una escuela a otra y le expresé mis angustias: me da miedo dejar a mi nena en la escuela! Y ella me respondió "es normal, una siente que le arrancan el corazón y lo deja ahí con ellos". Qué alivio! *sarcasmo* Por lo menos no soy la única.

En fin, del entusiasmo pasé al miedo y finalmente a la ansiedad para volver a entusiasmarme pero sin dejar de preocuparme. Haremos el esfuerzo para que la nena vaya a una escuela en apariencia segura, por lo menos hasta que ella aprenda a relacionarse, a defenderse, a hablar, a socializar. A pesar de todo podrá ir a la mejor escuela del mundo pero siempre me quedará ese temor de cómo reaccionará y cómo actuará. Sólo el tiempo me resolverá mis miedos.

Mi nena está creciendo... Snif...

miércoles, 21 de mayo de 2014

Como hacen amistad los niños?

Mientras veo crecer a mi nena se me vienen cada vez más y más recuerdos de mi infancia, y con tanta claridad que a veces me pregunto si ella ya recordará todas estas cosas que está viviendo actualmente, ya que mis recuerdos empiezan desde que tenía la edad que ella tiene ahora (3 años).

Recuerdo cuando a esa edad ya tenía una compañerita de juegos. Ya que mis hermanos mayores no tenían mucho interés en jugar conmigo, mi prima en segundo grado con la que tenemos una diferencia de edad de apenas meses, venía a la casa o yo iba a la de ella y pasabamos horas entreteniendonos. Practicamente, crecimos juntas y hasta el día de hoy somos mejores amigas.

Estos días he estado trabajando en casa de mis padres y mi esposo suele traer a mi nena a que se despapaye un rato jugando en el enorme patio que hay aquí con su primita (hija de mi hermano) con la que también tienen pocos meses de diferencia. Es encantador verlas juntas... y a la vez me preocupa.

Sin duda entablar una amistad requiere de cierta dedicación, y siendo dos niñas que apenas saben de la vida y comportamientos pues no debería sorprenderme que no siempre jueguen juntas. A veces me asaltan las dudas de si será cuestión de personalidad o aprendizaje el hecho de que mi nena no siempre juega con su prima. Se entienden a medias, quizás por el escaso desarrollo del lenguaje en ambas (aunque debo admitirlo, la prima a pesar de ser menor habla mejor que mi hija) y de la misma forma no siguen un juego. Entre ratos me doy cuenta que la primita está persiguiendo a mi Ely para jugar mientras ella pasa en su mundo con unos cuantos juguetitos.

Debería preocuparme? Quizás exagero y simplemente deba darle tiempo al tiempo, después de todo esta es apenas la primera semana que se ven con tanta frecuencia. Veremos como pasa los siguientes días y cuando empiece la escuela.. Qué nervios!






martes, 29 de abril de 2014

Las madres y los hijos: la espera y el regreso

Resulta que el día de hoy me quedé en casa de mis padres trabajando aunque ellos no se encuentran aquí pues cada uno anda en sus obligaciones diarias. Pero llegó la hora en que mi mamá regresa de su trabajo y salí del estudio a saludarla, como siempre hice mientras viví en esa casa. Mi hermanita hizo lo mismo (tenemos la misma costumbre) y mi mamá dijo una frase que me puso a pensar: "que lindo que dos de mis hijas me reciban!"

Ella estaba feliz porque hoy dos de sus hijas estaban en casa, pero a mi la frase me puso un poco triste, la verdad. Y es que, los otros tres hijos mayores no estaban aquí, cada uno con su vida por su lado ya no salen a recibirla al llegar del trabajo.

Me puse a pensar en todos los días cuando regreso a mi casa después de una jornada laboral. Siempre llego cansada pero todo se me pasa cuando en la puerta o desde la ventana veo las sonrisitas de mis bebés que de inmediato se lanzan sobre mi a llenarme de abrazos y besitos. Es la mejor parte de mi día, es como dejar el cansancio y los problemas laborales de la puerta pa' fuera motivada solamente por ese par de bichitos.

Y me dije: qué sería el día que yo regrese a casa y mis hijos ya no salgan a recibirme? se me hizo un nudito en la garganta...

Llegará el día en que ellos hagan su vida, y si Dios permite estaré ahí para verlos irse... y estaré esperando en casa cada vez que regresen.

Hay una canción de la iglesia que me llena de lagrimitas desde que mi abuelita falleció, pues describe muchas actitudes de una madre hacia sus hijos y que ella siempre tuvo con nosotros, sus nietos:

"Al regreso me encendías una luz
sonriendo desde lejos me esperabas
en la mesa la comida aún caliente y en mantel
y tu abrazo es mi alegría de volver"

Así somos los hijos, la ley de la vida nos hace tomar nuestro camino alejándonos de nuestros padres.
Así somos las madres, siempre esperando al hijo cuando regrese, preparadas para recibirlo con el mismo cariño porque, como dice la misma canción "una madre no se cansa de esperar".
Así somos los hijos cuando nos convertimos en padres, nos encanta que nos reciban al regresar y nos ponemos tristes al pensar que un día también se irán y no habrá quien nos salude al llegar del trabajo.

Bien dicen que cuando nos convertimos en padres es cuando entendemos a los nuestros. Ahora lo sé y aunque no he vivido ni la décima parte de lo que ellos hicieron por mí hoy estoy segura de dos cosas: una, que sin dudar haré lo mismo por mis hijos y dos, que estoy infinitamente agradecida por lo que han hecho por mí.

lunes, 28 de abril de 2014

Momentos con mi pequeño

Tengo que admitir en esta entrada que muchas veces me siento culpable del tiempo que paso con mis hijos. A veces siento que a uno le dedico más y a otro menos, no siempre al mismo pero no me puedo repartir a partes iguales todas las veces! Es una culpa con la cual cargo a diario.

Y si a eso le sumamos que la diferencia de edad entre mis enanos es de 1 año y 7 meses, quiere decir que ese tiempo he pasado de más sola con mi nena y menos tiempo que le he dedicado a mi chiquito. No sé si me explico.

El caso es que, la maternidad con ambos ha sido muy diferente. Como les he contado, yo me quedé en casa con Ely desde su nacimiento hasta los 8 meses que volví a trabajar pero, en cambio, con Netito tan solo tuve las 10 semanas después del parto que según la ley se dan por permiso de maternidad.

Es así que, mientras me quedaba con Ely tuvimos muchos momentos tiernos. A veces nos quedábamos solas en casa, jugábamos toda la tarde y algo que me encantaba: nos dormíamos juntas después de almorzar.

También intenté con Netito estas cosas, pero sucedió que cuando él tenía 4 meses ya era bastante inquieto y un día mientras dormíamos juntos se cayó de la cama. Desde ahí tuve miedo a quedarme dormida con él y no lo volví a hacer.

Por eso me entra la culpa y me pongo a pensar que no he tenido tantos momentos de apachurramiento con mi Neto como los tuve con Ely. Claro que jugamos, lo abrazo, lo beso y le digo cuanto lo quiero todos los días pero esto de dormir juntos es algo que no volvimos a experimentar.

Sin embargo, hace tres días él me regaló uno de esos momentos. Había llegado yo cansada del trabajo (para variar) y después de bañarme decidí acostarme un momentito y que mi esposo se quedara al cuidado de los bebés. Para esto, he de decir que el tiempo que pasó antes de irme a dormir (siempre juego un poco con ellos al llegar del trabajo) lo había pasado de malas pues Neto estaba muy inquieto y pasó lanzandome juguetes y pateándome.

Pero al estar ya todo tranquilo, fue a buscarme a mi cuarto mientras yo estaba en plan dormir. Se acercó quedito como sin querer molestar, y medio tocó la cama del lado que yo estaba a ver si reaccionaba. Yo, medio abrí los ojos y él sonrió. Volvió a tocar la cama como pidiendo permiso para subirse, a lo que con esos ojitos irresistibles que tiene no le iba a decir que no así que le extendí mi mano para que se agarrara y subió.

Este niño tiene algo que me encanta: aunque a veces es tosco otras veces es muy tierno y me derrite. Me dio un gusto cuando en mi cama se fue haciendo lugarcito, acomodándose a como yo estaba y haciendo que yo me acomode a su posición para luego quedarnos juntos, abrazados y tranquilos en posición de dormir.

Es tan inquieto él que ese momento apenas duró unos 10 minutos, pero esa carita suya mirándome como diciendome "mami, hazme dormir", me llenó. El abrazito tan rico, su olorcito, su pielcita suave... Me enamora este niño! Son tan poquitos los momentos que hemos vivido así que los atesoro.

Mi godito tiernito. Cada día te quiero más. 

sábado, 12 de abril de 2014

A un paso de tus 3 años. La definitiva

Pasado ya el susto inicial que nos dio la nena volvimos a casa con mi promesa de reposo y óptima alimentación en preparación al parto. Para esos días me dolía mucho la mano, pues nadie me dijo que el suero de hierro era tan pesado y a decir verdad no me pasó ese dolorcito incluso hasta días después del parto.

Cuando regresó la doctora de sus vacaciones pedí inmediatamente una consulta con ella. Llevamos todos los exámenes que me habían hecho durante mi estadía en el hospital, entre ellos, una ecografía. Después de revisarlos y revisarme a mí me indicó que mi nena estaba ya encajándose en el canal de parto y que no podía dejar que descienda más pues, según la ecografía, tenía el cordón umbilical muy corto y corría riesgo de no poder salir.

Sugirió que me internara en el hospital en ese instante y que programemos una cesárea. Era un lunes por la noche y yo no estaba preparada para eso, ni siquiera psicológicamente. Ya que tendríamos que programarla y viendo que aún faltaban unos días para que cumpliera las 37 semanas, le pedí que me la dejara para un día sábado que vendrían mis hermanas y mis suegros, pero ella dijo que no iba a aguantar, que la nena descendería más y se pondría peligroso el asunto. A menos que me quedara en TOTAL reposo pero si me venían contracciones, tenía sangrado o se me rompía la fuente iba a tener que hacer cesárea de emergencia.

Fui a mi casa deseando poder esperar hasta el sábado. La espera más agotadora con ese dolorcito constante en la cadera y con la indicación de no hacer NADA, me desesperé. El miércoles por la tarde empecé a sentir contracciones, aún suaves y espaciadas pero mi esposo y yo decidimos ya no esperar más, no queríamos correr riesgos de que la nena descienda más. Programamos la cesárea para las 8 de la mañana del día siguiente.

Cuántos nervios esa noche! La pañalera lista, lo que yo necesitaría en el hospital listo pero la que no terminaba de alistarse psicológicamente era yo: mi nena ya viene y viene por cesárea, los riesgos, la cortada, la anastesia, la cosida y la recuperación. La nena ya viene, la fecha tan esperada estaba a la puerta y yo imaginándome su carita, como sería?

Llegamos al hospital a las 7 como indicó la doctora para que tuvieran tiempo de preparame. Era una clínica religiosa privada, creo que eso influyó en que el trato sea bastante humanista. Las enfermeras y en general el equipo médico me hicieron sentir muy bien.

Entré solita a la sala de preparación pues mi esposo se habia ido a hacer los tramites de ingreso. Una enfermera me puso un suero y una sonda para drenar la orina durante la operación. Eso dolió y a partir de ahí me puse a llorar por los nervios, pero la enfermera me pidió que me calmara y me iba explicando paso a paso todo lo que hacía y por qué. Me vendaron las piernas, me pusieron la bata, me rasuraron "ahí", y caminando me llevaron al quirófano. Por cierto, súper incómodo caminar con esa bendita sonda entre las piernas... Oish!

Llegó el anastesista, un tipo joven que en un principio no me dio confianza pero en cuanto me habló y me explicó cómo se ponía la epidural me tranquilizó por su tono seguro y a la vez me horrorizó saber lo que me iban a hacer. Mi doctora que para eso ya había llegado me miró a los ojos y me dijo: "vamos a hacer esto juntas, todo saldrá bien, no llores más que después puedes tener complicaciones". Es que mis nervios! oish! ver tanto aparato médico, agujas, cuchillos, batas, la maldita sonda que molestaba, mis piernas inmovilizadas y mi esposo no estaba ahi!!Donde está mi esposo? Ahi viene, me dijo la doctora.

Debo decir que en verdad ni sentí como me pusieron la agujota esa, la doc me ayudó a encorvarme y sentí un ligero pinchazo y la voz del doctor diciendome "ya está" "eso es todo? ni senti". Manitos de ángel había tenido ese doctor.

Me acosté, me extendieron los brazos, me levantaron un poco la cabeza. Llegó mi esposo con el traje azulito y sentí un gran alivio excepto porque la posición me estaba sofocando.

- Amor, háblame de algo
- De qué?
- No sé, de cualquier cosa... de esas historias de cómics que siempre me cuentas.
- No se me viene ninguna a la cabeza orita! (pobre, también estaba nervioso, sólo que trataba de no demostrarlo)
- Ya empezaron?
- (Se levantó un poquito, miró y regresó con cara de "lo he visto todo") Si, ya empezaron, acabo de ver tu útero.
- Señor, quédese sentado!
- Ok
- Oish!

Pensé que sentiría cuando me cortaran o por lo menos un cosquilleo pero nada, solo sabía que ya me habían cortado por medio ver al equipo médico como iba y venía. Al rato escucho un llantito, pero no era claro, como de alguien atrapado.

- Ahi viene ya - dijo la doc.

Un par de segundos después el llanto se hizo más claro y llegó a ser un fuerte grito, ese llanto de bebé que solo escuchas una vez en la vida: el anuncio de su llegada con toda la fuerza de sus pulmoncitos. Era un llanto completamente diferente a cualquiera de los muchos que escuché después, este tenía un tonito único, como que mi bebé viniera gritando "por qué me sacaron!? ahora ya estoy aquí y me haré escuchar! donde está mi mamá?!"

Unas lágrimas cayeron por mis mejillas, pude ver a mi nena y no era como me la había imaginado, era mejor! Pasé meses pensando en su carita si sería parecida a mi o a su papá, pero ahí estaba pareciéndose a ella sola, única como es. Solo una madre podría mirar a su bebé recién salido del horno, aún sucio, ensangrentado y ver la belleza en todo aquello.

Así la vi, así la amé más. El segundo preciso que quedó marcado por el resto de mi vida y siempre recordaré.

La doctora me la acercó un poco, mi esposo le tomó fotos (lamentablemente, se me perdieron en un celu que se me robaron) y se la llevaron.

- Amor, por favor, anda con ella, que esté bien, llévale la ropita... - para eso mi esposo ya se estaba levantando corriendo atrás de su hija que iba en brazos de la pediatra.

El resto de la operación tendría que ser aburrido, supuse yo, pero debido al llanto mi nariz había empezado a taparse, y yo sin poder mover la cabeza o manos para acomodarme y poder respirar mejor. Empecé a desesperarme: "doctor, no puedo respirar!" "ya ve, eso le pasa por estar llorando... calmese, ya le vamos a acomodar".

Pero me desesperé, sentí la garganta seca, me dieron naúseas, sentía que quería vomitar... no sé qué más pasó porque yo seguía diciendo que no podía respirar y al rato me dormí. No sé cómo me sacaron del quirófano, mi esposo me contó después que el regresó y me vio como desmayada con los ojos abiertos y que me estaban pasando de una cama a otra. Lo siguiente que recuerdo es medio despertar en una sala de recuperación temblando terriblemente y ver un alma caritativa que se acercaba a arroparme mientras yo caía en un profundo sueño.

Me desperté horas después en esa misma sala donde no había nadie. No sabía si llamar a alguien o qué, me preguntaba por mi nena: donde estaría? tendría hambre? se habría dormido? mi familia la habría visto ya?

Al rato llegó una enfermera a ver si ya había despertado yo, me quitó las vendas de las piernas y me revisó a ver si me podía mover y tal. Me ayudó a cambiarme de ropa, quitarme la bata de operación y ponerme una mía. La mejor noticia que me dio fue cuando me dijo que mi nena estaba bien, que el chequeo que le hizo la pediatra estaba todo normal y que se había quedado dormidita en el cunero pero que ya estaba por despertar y me la traería para que le diera de comer.

Hermosa imagen de mi nenita toda vestida de rosa, con su gorrito y guantes. Pequeñita y frágil. La pusieron a mi lado e intentamos la lactancia por primera vez, creo que eso será otro post. Por lo pronto, esta fue la historia de cuando nació mi nena hace tres años ya, y nací yo como madre suya.


viernes, 4 de abril de 2014

A un paso de tus 3 años. La previa

Inicios de abril del 2011. Me disponía a salir de casa con mi esposo en busca de una antojada hamburguesa. Mi pancita ya bastante grande para esos días me presionaba mucho la vejiga así que mientras esperábamos al taxi quise ir al baño.
Oh, sorpresa! Algo raro está pasando aquí. En mi ropa interior había una especie de secreción medio café, medio mocosa, medio rara. Yo en mi vida había visto algo así. Lo más prudente era limpiarlo y luego contarle a mi esposo lo que había visto.

Él no tenía idea pero tenía el presentimiento de que no era algo que debía pasar en esos momentos, así que me pidió que llame a mi mamá, que en cuanto se enteró me dijo que llame pronto a mi doctora. Expliqué la vergonzosa situación cuantas veces! Y al final, la doc me dijo "tienes dolor?" "no" "no todavía, por si acaso ándate al hospital y que te chequeen, se te ha salido el tapón mucoso y eso quiere decir que puedes empezar la labor de parto"

Ah? Pero apenas había cumplido las 35 semanas! Y yo quería una hamburguesa! Cambiamos el destino del taxi y nos dirigimos al hospital donde teníamos previsto que nacería nuestra nena. Para mala suerte, mi doctora estaba saliendo de vacaciones y no regresaría sino hasta la siguiente semana. Ni modo, me dejé revisar por la doctora de reemplazo y tuve que ponerla al día de todo lo vivido en 8 meses de gestación.

Me hizo un tacto (oish! nunca me acostumbraré a que las ginecólogas tienen que tocar TANTO por "ahí") y dijo que me preparara para pasar la noche en el hospital. Y yo seguía con ganas de hamburguesa!, pero por recomendación del personal médico fui a merendar algo suave (pollito asado y papas, ñumi!). Ese lugar cerca del hospital tiene el pollito más rico y cada vez que lo visito recuerdo esa noche y sus angustias, yo pensando que mi nena nacería en minutos.

Uy! y si mi nena nace en minutos, yo no traje nada! Claro, como yo me había vestido para salir por una hamburguesa no para pasar la noche en hospital y faltando aún semanas para la FPP, ni siquiera había pensado en ropa de bebé, pañalera, pañales, batas... Gracias al cielo mi abuelita, que en paz descanse, había pensado ya en todo y tenía la ropa de la nena lavada, planchada, separada y ordenada.

Para esto ya toda la familia estaba al tanto. Siendo ya casi las 10 y algo de la noche mis padres y hermanos salieron de sus casas, me fueron a ver e incluso me prestaron el carro para ir a la mía a buscar lo necesario. Mi mamá por su lado se lució haciendo las primeras compritas de bebé: pañales, aceite de bebé y lo que yo hasta ese momento no me había enterado que iba a necesitar: toallas sanitarias postparto.

Recuerdo cuando llegué al hospital con maleta en mano y nervios en la otra. Toda mi familia ahí afuera para que los guardias nos dijeran que por la hora sólo podría entrar yo y mi acompañante. Lagrimones de mi mamá como si me fuera a la guerra, se despidió de mí: "puja fuerte y no llores, que si lloras al suspirar el bebé se te viene para arriba" o.O Jaja! Es en serio! Bueno.

Durante todo ese tiempo había tenido contracciones bastante suaves y de vez en cuando. Iban a monitorearme toda la noche pues aún no era tiempo de dar a luz y de ser necesario, frenarían la labor de parto hasta que cumpliera por lo menos las 37 semanas ya que antes de eso el niño es considerado como prematuro.

Mi esposo y yo pasamos la noche en vela, durmiendo entre chequeos. Cada cierto tiempo iban a conectarme el monitor y tenía que pasarme contando las contracciones y los movimientos de la nena mientras algo parecido a un sismógrafo registraba los latidos de su corazón. Esa noche tuve varios dolores, contaba cada patadita que sentía. Le pregunté a mi nena si ya estaba lista para salir y cuál era el apuro?

La respuesta me la dio la doctora: la nena tenía taquicardia ocasionada por sufrimiento fetal. De qué? Según los exámenes que me hicieron yo estaba ultra anémica y la nena no se estaba alimentando bien.

OMG! Cómo es posible que mi nena esté sufriendo en mi pancita! Doctora, haga lo que sea pero por favor que esté bien, que no se sienta mal, que no sienta hambre, hago lo que sea! Tranquilícese señora, que vamos a ponerle no uno sino dos sueros de hierro y seguiremos monitoreandola. Hemos detenido el parto con medicamentos a través del suero así que es importante que ud se quede en REPOSO ABSOLUTO.

Para esto ya había amanecido. Mi esposo y yo con ojeras y aunque no lo crean, saber que tienes que pasar acostada en la cama es cansado, particularmente cuando te sientes como ballena y quieres moverte para no sofocarte.

Así pasamos otro día en el hospital mientras se acababa el primer suero, nos dieron el alta una vez verificado que la nena había recuperado el ritmo cardíaco normal y con la promesa de que yo guardaría cama hasta cumplir las 37 semanas. Además tenía que ponerme el otro suero de hierro y si la situación se repetía volver al hospital corriendo.

Benditas atenciones de mi familia. Pasamos el susto y volvimos a casa con los cuidados prometidos a esperar a la nena que tenía apuro en llegar.

Continuará...

lunes, 24 de marzo de 2014

Terrores de una madre en el parque

Ayer, atípico domingo en mi familia. Generalmente pasamos el día en casa de mis padres, mi hermano también está ahí con sus pequeñas y entre mis hijos, los suyos y la de mi hermana que viene a veces, se despapayan y juegan hasta que llega la noche y caen rendidos de lo lindo.

Pero resultó que mis padres se fueron de paseo, mi hermano tenía sus cuantas ocupaciones y mi hermana no vino. Así que pasamos el día en casa de mis suegros, donde también tienen con quien despapayarse mis bebés y una rica piscina que mi hija no perdona cada vez que vamos. Adora estar en el agua y más con este calor. Todos pasamos una bonita tarde, comimos rico y jugamos hasta arrugarnos en la piscina (en el caso de Netito, hasta que el pañal se lo permitió).

Y ya cuando iba cayendo la tarde, cansada de tanto jugar mi Ely se queda dormida, lo cual no es conveniente porque si duerme mucho en la tarde, en la noche no hay quien la frene para dormir. Entonces decidimos ir a visitar el nuevo parque del Cerro del Tablazo, obra reciente y desesperada del alcalde saliente.

Digo desesperada porque convenientemente la inaguraron el día de cierre de campaña para las elecciones y a leguas se nota que no la terminaron a tiempo, además de la falta de uniformidad en ciertos tramos, aparte que, lamentablemente, no se le está dando el mantenimiento correcto. Pero bueno, para criticar la obra civil y la política de mi cantón será en otro rato.

Lo que hace bonito este parque son las áreas que sí están adoquinadas o donde se colocó césped sintético. Está, podría decirse que bien iluminado y hay gran cantidad de juegos. Pero a decir verdad, la mayoría son para niños de 7 años en adelante, haciendo que sea un tanto peligroso para los de menos edad.

Entonces, qué hago yo ahí con mis dos enanos menores de 3 años? El Netito que se cree muy independiente, ni bien vio las áreas abiertas y patitas para qué te tengo. Su papá salió corriendo detrás de él mientras yo llevaba a Ely de la mano que brincaba de la emoción viendo tanto juego.

He ahí donde entra la madre sobreprotectora-paranoica-neurótica que a veces soy. Todo lo implique un mínimo de riesgo para mis cachorros me sobresalta y ando con las antenitas para arriba. Lo que realmente me pesa de eso es que a veces me dejo llevar por tanta precaución y no me permito disfrutar de lo bonito que pasan todos los demás.

Lo intenté, no lo niego. Con una sonrisa llevé a mi Ely al primer juego que vio que era un conjunto de resbaladeras, puentes, escaleras. De la manito le ayudé a subir y se deslizó por el primer tobogán que a mi criterio tiene tanta pendiente que un poco más y es vertical con caída libre. Primer terror: que la niña escale sin barandas de protección a los lados. Segundo terror: que se golpeara al final de la deslizada y caer al piso. Para futuras resbaladas fui suficientemente precavida como para irla sujetando y que se vaya deslizando despacito.

Tecer terror: que tanto niño grande circulando por ahí me la hicieran caer! A cuanto niño le tuve que decir: ey! cuidado! es una niña pequeña!. Cuarto terror: la niña se pone a saltar en el puente y le causa gracia, a mí no. Quinto terror: se mete en el tobogán cerrado! Nena, dónde estás? Te metiste, te deslizaste o saldrás por la misma entrada en un ratito? Voy a la salida y veo que viene feliz deslizándose con las manitos hacia arriba.

Vamos a otro juego, si? Ok, vamos a los columpios. Ahí me acordé de Rachel de Friends y su terror a éstos. Me reí, yo no soy tan paranoica como para pensar que a mi hija se le enredará el cabello y tendré que cortárselo generándole un trauma de por vida, pero sí como para analizar si los tornillos del asiento estaban bien apretados (después de ver a otro papá haciendo lo mismo) y verificar que la nena se siente bien (cómo es que no ponen respaldar en estas sillitas?).

Al rato mi nena se aburrió de esto y fue a buscar nuevas aventuras, se encontró con un carrusel donde había niñas chiquitas adentro y niñas mayores afuera haciéndolo girar. Lo que me alivió de este juego es que había un poco de madres tratando de ubicar bien a sus pequeñas y controlando el juego. Ahí si me sentí identificada. Mi nena entró y yo "Ely, sujétate bien, aquí voy a estar" mientras otras madres repetían lo mismo a sus retoños a mis lados.

Bonito, pasó y llegó Netito con su papá después de recorrerse todo el parque corriendo. Papá me dijo: "cambio, te toca". Cogió a Ely y se fue y yo tuve que salir disparada atrás de Neto.

Nuevos terrores: un piojito entre tanta gente! me lo van a pisar! Pero él se iba riendo, sorteando piernas aquí y allá, quienes lo miraban lo hacían encantados de ver cómo se reía este bandido y ver a la madre atrás de él. Lo que me recuerda una de mis notas mentales: no ir al parque con blusa escotada! Tener que agacharme a coger a Neto daba un primera fila a mi brassiere, y vista en HD cuando lo trepaba a mi y por berrinchudo me jalaba la blusa. Así es como debe cambiar el vestuario de una madre...

Neto tratando de treparse al carrusel. No, amor, tú eres muy chiquito para eso! Pero él, obstinado queriendo acercarse al carrusel en plena marcha y yo espantada tratando de detenerlo. Berrinche. Focazo. Vámonos Neto.

Después de un rato me encontré con su padre, los dos sudando la gota gorda. Es hora de irnos. Se nos cruza un man disfrazado de Barney a darle a Ely un juguete para hacer burbujas. Qué mejor forma de vender! Ely hace ojitos y mi esposo saca un dólar para pagar el juguete.

Así concluye un día de parque normal. Ni más! Venir yo sola con mis pequeños al parque? Nooooo... si entre dos nos hicimos bolas. Quizás cuando sean más grandes, y más inquietos, y se vayan por su cuenta.... noooooo!

No sé quien llegó más molido a la casa, pero al final después de comer y bañarse cayeron rendidos los enanos y los padres nos aguantamos un poquito para tener tiempo de mamá y papá a solas, tomar un traguito y relajarnos del fin de semana.

Quién dijo que el fin de semana es para descansar? Seguramente, no tenía hijos xD