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sábado, 12 de abril de 2014

A un paso de tus 3 años. La definitiva

Pasado ya el susto inicial que nos dio la nena volvimos a casa con mi promesa de reposo y óptima alimentación en preparación al parto. Para esos días me dolía mucho la mano, pues nadie me dijo que el suero de hierro era tan pesado y a decir verdad no me pasó ese dolorcito incluso hasta días después del parto.

Cuando regresó la doctora de sus vacaciones pedí inmediatamente una consulta con ella. Llevamos todos los exámenes que me habían hecho durante mi estadía en el hospital, entre ellos, una ecografía. Después de revisarlos y revisarme a mí me indicó que mi nena estaba ya encajándose en el canal de parto y que no podía dejar que descienda más pues, según la ecografía, tenía el cordón umbilical muy corto y corría riesgo de no poder salir.

Sugirió que me internara en el hospital en ese instante y que programemos una cesárea. Era un lunes por la noche y yo no estaba preparada para eso, ni siquiera psicológicamente. Ya que tendríamos que programarla y viendo que aún faltaban unos días para que cumpliera las 37 semanas, le pedí que me la dejara para un día sábado que vendrían mis hermanas y mis suegros, pero ella dijo que no iba a aguantar, que la nena descendería más y se pondría peligroso el asunto. A menos que me quedara en TOTAL reposo pero si me venían contracciones, tenía sangrado o se me rompía la fuente iba a tener que hacer cesárea de emergencia.

Fui a mi casa deseando poder esperar hasta el sábado. La espera más agotadora con ese dolorcito constante en la cadera y con la indicación de no hacer NADA, me desesperé. El miércoles por la tarde empecé a sentir contracciones, aún suaves y espaciadas pero mi esposo y yo decidimos ya no esperar más, no queríamos correr riesgos de que la nena descienda más. Programamos la cesárea para las 8 de la mañana del día siguiente.

Cuántos nervios esa noche! La pañalera lista, lo que yo necesitaría en el hospital listo pero la que no terminaba de alistarse psicológicamente era yo: mi nena ya viene y viene por cesárea, los riesgos, la cortada, la anastesia, la cosida y la recuperación. La nena ya viene, la fecha tan esperada estaba a la puerta y yo imaginándome su carita, como sería?

Llegamos al hospital a las 7 como indicó la doctora para que tuvieran tiempo de preparame. Era una clínica religiosa privada, creo que eso influyó en que el trato sea bastante humanista. Las enfermeras y en general el equipo médico me hicieron sentir muy bien.

Entré solita a la sala de preparación pues mi esposo se habia ido a hacer los tramites de ingreso. Una enfermera me puso un suero y una sonda para drenar la orina durante la operación. Eso dolió y a partir de ahí me puse a llorar por los nervios, pero la enfermera me pidió que me calmara y me iba explicando paso a paso todo lo que hacía y por qué. Me vendaron las piernas, me pusieron la bata, me rasuraron "ahí", y caminando me llevaron al quirófano. Por cierto, súper incómodo caminar con esa bendita sonda entre las piernas... Oish!

Llegó el anastesista, un tipo joven que en un principio no me dio confianza pero en cuanto me habló y me explicó cómo se ponía la epidural me tranquilizó por su tono seguro y a la vez me horrorizó saber lo que me iban a hacer. Mi doctora que para eso ya había llegado me miró a los ojos y me dijo: "vamos a hacer esto juntas, todo saldrá bien, no llores más que después puedes tener complicaciones". Es que mis nervios! oish! ver tanto aparato médico, agujas, cuchillos, batas, la maldita sonda que molestaba, mis piernas inmovilizadas y mi esposo no estaba ahi!!Donde está mi esposo? Ahi viene, me dijo la doctora.

Debo decir que en verdad ni sentí como me pusieron la agujota esa, la doc me ayudó a encorvarme y sentí un ligero pinchazo y la voz del doctor diciendome "ya está" "eso es todo? ni senti". Manitos de ángel había tenido ese doctor.

Me acosté, me extendieron los brazos, me levantaron un poco la cabeza. Llegó mi esposo con el traje azulito y sentí un gran alivio excepto porque la posición me estaba sofocando.

- Amor, háblame de algo
- De qué?
- No sé, de cualquier cosa... de esas historias de cómics que siempre me cuentas.
- No se me viene ninguna a la cabeza orita! (pobre, también estaba nervioso, sólo que trataba de no demostrarlo)
- Ya empezaron?
- (Se levantó un poquito, miró y regresó con cara de "lo he visto todo") Si, ya empezaron, acabo de ver tu útero.
- Señor, quédese sentado!
- Ok
- Oish!

Pensé que sentiría cuando me cortaran o por lo menos un cosquilleo pero nada, solo sabía que ya me habían cortado por medio ver al equipo médico como iba y venía. Al rato escucho un llantito, pero no era claro, como de alguien atrapado.

- Ahi viene ya - dijo la doc.

Un par de segundos después el llanto se hizo más claro y llegó a ser un fuerte grito, ese llanto de bebé que solo escuchas una vez en la vida: el anuncio de su llegada con toda la fuerza de sus pulmoncitos. Era un llanto completamente diferente a cualquiera de los muchos que escuché después, este tenía un tonito único, como que mi bebé viniera gritando "por qué me sacaron!? ahora ya estoy aquí y me haré escuchar! donde está mi mamá?!"

Unas lágrimas cayeron por mis mejillas, pude ver a mi nena y no era como me la había imaginado, era mejor! Pasé meses pensando en su carita si sería parecida a mi o a su papá, pero ahí estaba pareciéndose a ella sola, única como es. Solo una madre podría mirar a su bebé recién salido del horno, aún sucio, ensangrentado y ver la belleza en todo aquello.

Así la vi, así la amé más. El segundo preciso que quedó marcado por el resto de mi vida y siempre recordaré.

La doctora me la acercó un poco, mi esposo le tomó fotos (lamentablemente, se me perdieron en un celu que se me robaron) y se la llevaron.

- Amor, por favor, anda con ella, que esté bien, llévale la ropita... - para eso mi esposo ya se estaba levantando corriendo atrás de su hija que iba en brazos de la pediatra.

El resto de la operación tendría que ser aburrido, supuse yo, pero debido al llanto mi nariz había empezado a taparse, y yo sin poder mover la cabeza o manos para acomodarme y poder respirar mejor. Empecé a desesperarme: "doctor, no puedo respirar!" "ya ve, eso le pasa por estar llorando... calmese, ya le vamos a acomodar".

Pero me desesperé, sentí la garganta seca, me dieron naúseas, sentía que quería vomitar... no sé qué más pasó porque yo seguía diciendo que no podía respirar y al rato me dormí. No sé cómo me sacaron del quirófano, mi esposo me contó después que el regresó y me vio como desmayada con los ojos abiertos y que me estaban pasando de una cama a otra. Lo siguiente que recuerdo es medio despertar en una sala de recuperación temblando terriblemente y ver un alma caritativa que se acercaba a arroparme mientras yo caía en un profundo sueño.

Me desperté horas después en esa misma sala donde no había nadie. No sabía si llamar a alguien o qué, me preguntaba por mi nena: donde estaría? tendría hambre? se habría dormido? mi familia la habría visto ya?

Al rato llegó una enfermera a ver si ya había despertado yo, me quitó las vendas de las piernas y me revisó a ver si me podía mover y tal. Me ayudó a cambiarme de ropa, quitarme la bata de operación y ponerme una mía. La mejor noticia que me dio fue cuando me dijo que mi nena estaba bien, que el chequeo que le hizo la pediatra estaba todo normal y que se había quedado dormidita en el cunero pero que ya estaba por despertar y me la traería para que le diera de comer.

Hermosa imagen de mi nenita toda vestida de rosa, con su gorrito y guantes. Pequeñita y frágil. La pusieron a mi lado e intentamos la lactancia por primera vez, creo que eso será otro post. Por lo pronto, esta fue la historia de cuando nació mi nena hace tres años ya, y nací yo como madre suya.


viernes, 4 de abril de 2014

A un paso de tus 3 años. La previa

Inicios de abril del 2011. Me disponía a salir de casa con mi esposo en busca de una antojada hamburguesa. Mi pancita ya bastante grande para esos días me presionaba mucho la vejiga así que mientras esperábamos al taxi quise ir al baño.
Oh, sorpresa! Algo raro está pasando aquí. En mi ropa interior había una especie de secreción medio café, medio mocosa, medio rara. Yo en mi vida había visto algo así. Lo más prudente era limpiarlo y luego contarle a mi esposo lo que había visto.

Él no tenía idea pero tenía el presentimiento de que no era algo que debía pasar en esos momentos, así que me pidió que llame a mi mamá, que en cuanto se enteró me dijo que llame pronto a mi doctora. Expliqué la vergonzosa situación cuantas veces! Y al final, la doc me dijo "tienes dolor?" "no" "no todavía, por si acaso ándate al hospital y que te chequeen, se te ha salido el tapón mucoso y eso quiere decir que puedes empezar la labor de parto"

Ah? Pero apenas había cumplido las 35 semanas! Y yo quería una hamburguesa! Cambiamos el destino del taxi y nos dirigimos al hospital donde teníamos previsto que nacería nuestra nena. Para mala suerte, mi doctora estaba saliendo de vacaciones y no regresaría sino hasta la siguiente semana. Ni modo, me dejé revisar por la doctora de reemplazo y tuve que ponerla al día de todo lo vivido en 8 meses de gestación.

Me hizo un tacto (oish! nunca me acostumbraré a que las ginecólogas tienen que tocar TANTO por "ahí") y dijo que me preparara para pasar la noche en el hospital. Y yo seguía con ganas de hamburguesa!, pero por recomendación del personal médico fui a merendar algo suave (pollito asado y papas, ñumi!). Ese lugar cerca del hospital tiene el pollito más rico y cada vez que lo visito recuerdo esa noche y sus angustias, yo pensando que mi nena nacería en minutos.

Uy! y si mi nena nace en minutos, yo no traje nada! Claro, como yo me había vestido para salir por una hamburguesa no para pasar la noche en hospital y faltando aún semanas para la FPP, ni siquiera había pensado en ropa de bebé, pañalera, pañales, batas... Gracias al cielo mi abuelita, que en paz descanse, había pensado ya en todo y tenía la ropa de la nena lavada, planchada, separada y ordenada.

Para esto ya toda la familia estaba al tanto. Siendo ya casi las 10 y algo de la noche mis padres y hermanos salieron de sus casas, me fueron a ver e incluso me prestaron el carro para ir a la mía a buscar lo necesario. Mi mamá por su lado se lució haciendo las primeras compritas de bebé: pañales, aceite de bebé y lo que yo hasta ese momento no me había enterado que iba a necesitar: toallas sanitarias postparto.

Recuerdo cuando llegué al hospital con maleta en mano y nervios en la otra. Toda mi familia ahí afuera para que los guardias nos dijeran que por la hora sólo podría entrar yo y mi acompañante. Lagrimones de mi mamá como si me fuera a la guerra, se despidió de mí: "puja fuerte y no llores, que si lloras al suspirar el bebé se te viene para arriba" o.O Jaja! Es en serio! Bueno.

Durante todo ese tiempo había tenido contracciones bastante suaves y de vez en cuando. Iban a monitorearme toda la noche pues aún no era tiempo de dar a luz y de ser necesario, frenarían la labor de parto hasta que cumpliera por lo menos las 37 semanas ya que antes de eso el niño es considerado como prematuro.

Mi esposo y yo pasamos la noche en vela, durmiendo entre chequeos. Cada cierto tiempo iban a conectarme el monitor y tenía que pasarme contando las contracciones y los movimientos de la nena mientras algo parecido a un sismógrafo registraba los latidos de su corazón. Esa noche tuve varios dolores, contaba cada patadita que sentía. Le pregunté a mi nena si ya estaba lista para salir y cuál era el apuro?

La respuesta me la dio la doctora: la nena tenía taquicardia ocasionada por sufrimiento fetal. De qué? Según los exámenes que me hicieron yo estaba ultra anémica y la nena no se estaba alimentando bien.

OMG! Cómo es posible que mi nena esté sufriendo en mi pancita! Doctora, haga lo que sea pero por favor que esté bien, que no se sienta mal, que no sienta hambre, hago lo que sea! Tranquilícese señora, que vamos a ponerle no uno sino dos sueros de hierro y seguiremos monitoreandola. Hemos detenido el parto con medicamentos a través del suero así que es importante que ud se quede en REPOSO ABSOLUTO.

Para esto ya había amanecido. Mi esposo y yo con ojeras y aunque no lo crean, saber que tienes que pasar acostada en la cama es cansado, particularmente cuando te sientes como ballena y quieres moverte para no sofocarte.

Así pasamos otro día en el hospital mientras se acababa el primer suero, nos dieron el alta una vez verificado que la nena había recuperado el ritmo cardíaco normal y con la promesa de que yo guardaría cama hasta cumplir las 37 semanas. Además tenía que ponerme el otro suero de hierro y si la situación se repetía volver al hospital corriendo.

Benditas atenciones de mi familia. Pasamos el susto y volvimos a casa con los cuidados prometidos a esperar a la nena que tenía apuro en llegar.

Continuará...

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Estudios y embarazo. Como sobrellevarlos juntos



Como ya les he contado, mi primer embarazo no fue planificado y que en ese entonces yo estaba por terminar la universidad, por lo que tuve que organizar nuevamente mis prioridades para cumplir con todos los roles que quería asumir: madre, esposa, profesional. Y así como yo, conocí varios casos de chicas que tuvieron que re-planificar sus asuntos por la llegada de un bebé.

Estas chicas que alguna vez vi yendo a clases con pancita y todo, hoy son madres orgullosas y profesionales exitosas. En alguna ocasión vi a una de ellas llevar a su hija al campus por unos momentos y mientras arreglaba sus papeles y trámites los amigos le ayudaron a cuidar a la nena. Otra tuvo parto por cesárea y se ausentó sólo por 2 semanas y retomó sus estudios. Otra se ausentó el semestre entero porque iba a dar a luz 2 meses después del inicio del mismo así que no se registró en ninguna materia pero apenas se abrió el siguiente semestre fue la primera en registrarse.

Otro caso que vi de cerca fue una chica que estaba iniciando el último semestre de la universidad cuando se enteró que estaba embarazada. Decidió dejar los estudios porque decía que los achaques que tenía eran muy fuertes y que esa ciudad donde estaba le hacía mal. Quizás ella lo sentía así pero después de yo haber pasado por achaques similares, amenaza de aborto desde el principio del embarazo y pasar hasta los 6 meses de gestación en la misma ciudad, creo que no fueron más que excusas. Hoy, 10 años después de que nació su hijo, está terminando su tesis.

Yo por mi parte, con achaques y todo di mis últimos exámenes de la carrera y seguí avanzando con mi tesis que incluía salir al campo a recoger muestras para llevar al laboratorio, encargué a otra persona que hiciera los ensayos puesto que estos requerían cierto esfuerzo físico que no podía hacer pero los seguí de cerca y al final sustenté mi tesis con barriguita de 5 meses.

Por eso, y si has decidido que quieres llegar a ser profesional, te hago la misma recomendación que alguna vez me hicieron: no dejes tus estudios. Sea cual sea el punto en el que estés: en colegio, universidad, maestría, terminando la tesis. Es más difícil retomar el ritmo mientras más tiempo dejes pasar, además que te encontrarás con nuevas obligaciones con las que compaginar.

Obviamente, el apoyo con el que cuentes es fundamental. Que no te de miedo pedir ayuda, ya sea a tu pareja si está contigo, a tus padres, a tus amigos, las personas cercanas a ti. Explica lo importante que es continuar con tus estudios y seguramente te entenderán y apoyarán.

Otras cosas que te recomiendo:

- Planifica: cuenta cuantas semanas tienes y haz un calendario apuntando las fechas en que te toque visitar al médico, empezar o terminar un semestre, dar a luz, dar exámenes, etc. para así anunciar con tiempo los días o semanas que vas a faltar a clases, te pongas de acuerdo con tus compañeros para que te ayuden con las tareas o converses con tus profesores y analicen la posibilidad de tomarte los exámenes o recibirte proyectos en otra fecha si es que justo coincide con la semana que vas a dar a luz, por ejemplo. Hablando se entiende la gente y seguramente pueden llegar a un acuerdo.

- Organiza tus horarios: mientras dure tu embarazo de ser posible toma menos materias, dedícale horas determinadas a cada una y siempre deja un espacio para comer y descansar apropiadamente. 

- Presta más atención a las clases: tendrás que estudiar menos para los exámenes finales si mientras el profesor explica la materia tú comprendes y asimilas lo que te están enseñando. Así cuando sea la hora del examen final bastará con dar un repaso, practicar un poco y no tendrás que trasnocharte leyendo libros y tratar de comprender lo que no comprendiste en su momento. Si no entiendes, pregunta. Si el profesor es de esos que no les gusta que les preguntes no es un buen profesor así que busca a alguien más que pueda ayudarte, pero no te quedes con la duda. Lo ideal es ir aprendiendo día a día.

- No te olvides de cuidarte: generalmente durante el primer trimestre de embarazo se dan los achaques más comunes pero puedes hablar con tu doctora para sobrellevarlos. Si te han diagnosticado alguna condición especial y te han recomendado reposo moderado trata de no sobrepasarte exigiéndote mucho en tus tareas. El estrés también puede afectar al bebé así que procura estar tranquila.

Si estas en esta situación espero que te sirvan estos consejos. Que otros añadirías tu?

miércoles, 16 de octubre de 2013

La última cena




No sé como se estila en los partos normales puesto que mis dos hijos nacieron por cesáreas programadas, pero lo cierto es que yo sabía ya qué día y a qué hora iba a entrar al quirófano y que después de la intervención tendría la cuarentena con dieta obligada, no sólo porque había dado a luz sino porque la cesárea es, para todo aspecto práctico, una cirugía mayor por lo que el riesgo de infecciones posteriores es alto.

Eso significaba que durante 40 días mis comidas serían: frutas, vegetales que no produjeran gases, sopa de gallina criolla y coladas de quaker o cebada para la producción de leche. Cero comidas inconosas (ricas): nada de chocolate, carnita de cerdo o de res, embutidos, comidas condimentadas y un montón de prohibiciones que me pusieron a sufrir.

Nunca fui buena para hacer dietas y menos desde que me casé porque mi esposo cocina tan rico que es imposible no comer lo que prepara (excepto una vez que preparó un plato que nunca me ha gustado y yo con nauseas del embarazo no soporté ni un bocado). Detesto tener que privarme de comer las cosas que me gustan, así sea comida chatarra. Yo sé, no es muy saludable pero así soy.

Entonces, en vísperas de lo que me tocaba decidí que la noche antes de la cesárea sería “mi última cena” y comería lo que se me antojara sin culpas. Uno de los placeres del embarazo es que los que te rodean te complacen todos tus antojitos y yo pensaba aprovecharme de esto hasta el día de entrar al quirófano.

Lamentablemente, el día antes de tener a Eli yo era una bola enorme que casi no se podía mover, me pesaba mucho la pancita, la acidez era fuerte así que mis ganas de comer eran pocas… Mi esposo, deseoso de complacerme en mi petición de la última cena, nombraba todas las cosas que me gustaban para ver si se me antojaba alguna. La verdad es que él también quería comer bien esa noche porque había prometido hacer la dieta conmigo. Jejeje

Tacos? Mmm.. No. Sushi? No. Chile? No. Cangrejos? No. Pastas? No, no, no. Por último dijo “pizza?” y yo “bueno…”. Creo que era lo que menos me disgustaba en ese momento. El corrió a comprar y mi última cena en la que yo había planificado comer montones de cosas fueron dos trocitos de pizza, jugo y a la cama.

En el último trimestre de mi segundo embarazo pasé haciendo una lista de las cosas que quería para mi última cena, incluyendo el antiácido recetado por la doc porque no quería perderme esta oportunidad de nuevo. Pero no contaba con que 3 semanas antes del programado nacimiento de mi enanito mi doctora me dijera que estaba a un pasito de la preeclampsia por lo que debía tomar medidas urgentes, entre esas: DIETA! 

Noooo!! De nuevo sin poder comer carnes rojas, chocolates, grasas, embutidos, sal… Casi lloro ese día, pero después de leer un poco sobre la preeclampsia entendí que debía cuidarme mucho por mi bebé y valió la pena. No hubo complicaciones en la cesárea y mi niño llegó a este mundo sanito.

¿Cómo te fue a ti antes de que naciera tu bebé? ¿Planificaste una última cena como yo antes de empezar la cuarentena?

miércoles, 9 de octubre de 2013

Como decirle a tus padres que estas embarazada. Tips para el exito



 
Cuando estás en la situación de que aún dependes de tus padres, quienes son tan sobre protectores que nunca te dejaron ir a una fiesta, peor a una pijamada, por miedo a que te pasara algo pero igual te escapaste más de una vez; que no les agrada tu novio solo porque es mayor que tu, que siempre estuvieron preocupados de que terminaras a toda costa tu carrera y sacaras tu título de ingeniera, abogada, doctora, científica o lo que sea que hayas escogido y haya sido aprobado por ellos al ser una profesión “con futuro”; y si ahora estás embarazada aún soltera y por terminar la universidad pues es lógico que te preocupe cómo darles la noticia y que no les de un patatús.

Todos los padres son diferentes pero si cumplen con las características mencionadas es bastante probable que sean como los míos. Esta es mi experiencia que te voy a contar, espero que te sirva.


Así me encontraba yo hace poco más de tres años, pensando que lo más difícil de lo que se me venía era darles la noticia. Consciente de todo lo expresado arriba llamé a una de mis hermanas, experta en el tema al haber sido la primera que tuvo que llegar a la casa en el mismo estado que yo.

Cuando le conté, ella me dijo que ya se lo veía venir, puesto que por el nacimiento de mi sobrinita (hija de otra de mis hermanas) ella había ido a la casa a pasar unos días y cuando sirvió el almuerzo vio que puse una cara de ascos única y típica de embarazada y no comí nada, ya que desde el principio del embarazo el pollo fue la principal causa de mis nauseas. Lo más cumbre es que mi hermana recién parida estaba en proceso de cuarentena y yo viviendo con ella cuando las viejitas, abuelas, madres, suegras, revistas y demás sugieren que lo único que debe comer la mujer en ese delicado estado es gallina criolla hasta que le salgan plumas a una. Yikes!

En fin, cuando se lo conté se alegró mucho por mí. Siempre es una alegría saber que un nuevo bebé va a llegar a la familia, o al menos así debería ser. Entonces me dio un par de consejitos para cuando mi novio y yo vayamos a hablar con mis padres y el que me marcó fue este:

No digas “estoy embarazada”. Puede sonar un poco fuerte cuando lo escuchas. Es mejor decir “vamos a ser papás” y eso mas bien da la idea de que ambos se están haciendo responsables y asumiendo su rol futuro. Otra cosa que puedes decir es: “van a ser abuelos”. Los padres se ponen chochos, jaja! Aunque bueno, en base al consejo anterior sería bueno que lo digan después ya que lo pueden interpretar como que les estarás delegando la responsabilidad a ellos.

Algo que fue lo máximo (y fue idea de mi novio) es llevar la primera ecografía. Es verdad que poco es lo que se ve, pero ver al “frijolito” que está creciendo dentro pues hizo que se le salieran las lágrimas de emoción a todo el mundo. Creo que fue en ese momento cuando mi mamá se dio cuenta de que en 9 meses habría un bebé y ya se alegró.

Bueno, en resumidas cuentas fue así: mi novio y yo habíamos decidido que nos casaríamos y había que informarlo. Ese día en la casa de mis padres pasó la típica de visita de novio: conversar un poco en el hall, ver algo de televisión en la sala, el almuerzo y después de este, con abuelita y hermanos presentes soltar la primera bomba: nos vamos a casar! :)

Las típicas respuestas de mis padres. ¿por qué? ¿qué va a pasar con la tesis? ¿de qué van a vivir? Claro, nadie felicita… Las lágrimas de mi abuelita de fondo y yo con un nudazo en el estómago respondiendo todas las preguntas. Después de dejarles claro que terminaría la tesis, me graduaría y que tanto mi novio como yo teníamos trabajo, por fin dijeron “bueno, felicidades!”

Primera ronda de abrazos, besos y lágrimas. Tiempo de soltar la segunda bomba: “hay algo más… vamos a ser padres!”

Típica respuesta de mamá: “ya me lo imaginaba…” (nótese el desconsuelo en la voz). Momento de sacar la ecografía y rodeada de hermanas, abuelita y madre decir: “miren a mi precioso!” y los infaltables “aaaaaawwww!” Derretimiento y chochería total. Segunda ronda de abrazos, besos y lágrimas.

Creo que a la final salió bien. Que si estaba nerviosa, tenía miedo? Definitivamente! Mi corazón latía a mil por hora y entre ratos me quería detener y salir corriendo. Pero ya estaba ahí y yo estaba feliz porque mi novio y yo queríamos tomar el reto y convertirnos en una familia con todas las de ley. Creo que eso es lo principal, que tú estés feliz porque vas a tener un bebé; cuando estás feliz los que te aman están felices por ti.

¿Y tú? ¿Cómo se lo dijiste a tus padres?

martes, 8 de octubre de 2013

Los primeros síntomas de embarazo



Como madre primeriza muchas cosas nos toman de sorpresa, otras nos sorprenden sólo porque a pesar de haberlas escuchado nunca pensamos que realmente un embarazo sería algo taaan fuerte.
Yo siempre que escuchaba historias de mujeres embarazadas con nauseas, mareos, vómitos, antojos raros pensé que eran cosas que sólo les pasaba a las que estaban enfermas o eran exageradas. Y no fue hasta que me tocó experimentarlos en carne propia que entendí a qué se referían y por qué cuando mi mamá estaba embarazada de mi hermanita, mi papá se había visto obligado a salir de la casa a las 9 de la noche, a pie, bajo la lluvia del 98 en pleno fenómeno de El Niño, solo a comprarle una Coca Cola. Cuanto amor! xD

De mis embarazos recuerdo clarito estos síntomas:


  • Sueño. Pocas personas te dicen que este es uno de los primeros síntomas. En mi primera vez aun no me había hecho la prueba de embarazo pero me andaba durmiendo hasta por las esquinas. En el bus, mientras caminaba, mientras comía… ni se diga en clases o haciendo las tareas! Claro, yo lo atribuía al cansancio de estudiar o a la anemia, pero era algo que ni las Pharmaton, ni el café, ni la Coca Cola me quitaban. Gracias al cielo no se me ocurrió tomar Red Bull. En mi segundo embarazo me hizo pasar un focazo pues estaba en plena reunión de trabajo y me dormía mientras mi jefe me hablaba. Fue terrible sentir el codazo de mi compañero de al lado y ver todas las caras mirándome.

  • Nauseas y cero tolerancia a ciertas comidas. Esa es la típica y cuando las tienes ya no te queda duda de tu estado. En mi caso me vinieron unos días después de enterarme de que estaba embarazada. Lo cumbre fue que aun no se lo había dicho a mi familia y justo un día que nos reunimos a comer sirvieron pollo y descubrí que me daba ASCO con letras mayúsculas. Como siempre he sido medio difícil para comer, no se dieron cuenta de lo que en realidad pasaba, pero por esos días yo vivía con mi hermana que acababa de dar a luz y su cuarentena incluía gallina criolla todos los santos días… yo salía de casa con cualquier pretexto cuando estaban cocinando pues no soportaba ese olor.
Con mi segundo embarazo en cambio fue la carne de res la que no soportaba. Era tanto así como que pasaba por un anuncio de hamburguesas y se me revolvía el estómago. Cada vez que pasaba por esos anuncios, mi esposo me tapaba los ojos.
  • Acidez. Va de la mano con las nauseas, esa sensación de que te sale fuego o algo demasiado frío desde la boca del estómago hasta la garganta no es más que los mismos ácidos que ayudan a la digestión haciéndonos malas pasadas. Bastante insoportable, la verdad. Tuve que pedirle a la doctora que me recetara algo contrarrestarlo. La mala noticia es que es muy probable que te vuelva a dar durante el último trimestre de embarazo, cuando tu pancita es tan grande que presiona a tu estómago y los ácidos empiezan a hacerse sentir nuevamente. 
  • Antojos. Raros y no raros. Tuve de todo un poco. La gente dice que si no le cumples los antojos a una mujer embarazada el bebé nacerá con manchas en la cara o con la boquita abierta. Lo que nadie te dice es que de verdad son tan poderosos que si no te cumplen el capricho sientes como que te apretaran el estómago, pesadez, desesperación y en los casos más fuertes hasta dolor de cabeza y de pancita. Yo no lo sabía hasta que lo experimenté!
Resulta que una noche se me vino a la cabeza comer pepinos con limón y sal. No había en la casa así que no comí. Al otro día fui a casa de mis suegros en la mañana a ver a mi novio y le dije “quiero pepinos con limón y sal!” y me dijo “ya, ya vamos a salir a comprar… mira esta película que traje, vamos a verla” y así pasé dos horas torturándome y torturándolo a él al decirle “Hellboy, quiero pepinos con limón y sal!” y él “si, ya vamos a comprar”. No fue hasta que me vio verde que me dolía la cabeza, que tenía nauseas, que no podía ni tomar agua, todo olor y todo sonido me fastidiaba cuando reaccionó y dijo “será antojo?” y yo “creo que si!”.
El primer bocado de pepino con limón y sal me supo a gloria! Se me quitaron todos los males habidos y por haber y Hellboy aprendió a nunca más negarme o hacerme esperar un antojo.
Otros antojos que tuve fueron tortillas de maizabrosa. Cumbre que a mi Eli le gusten tanto ahora. Y el más raro fue comida para perros! De esa que viene en pepitas. No sé pero me encantaba ese olor y era capaz de comerme una pepita pero no me dejaron, así que me conformé con olerla. Jajaja. Y dicho sea de paso que a mi Eli la he visto varias veces jugando con la comida del perro, espero que no se la haya comido!

Aquí hay un artículo sobre los 10 primeros síntomas de embarazo. Estos que les he compartido yo creo que son los más “anectódicos” por decirlo así.

¿Y tú? ¿Cuáles fueron tus síntomas más fuertes durante el embarazo? ¿Cómo los sobrellevaste?

¿Y el tercero pa' cuando?

Este mes tuve un retraso de cinco días en la regla, algo un poco fuera de lo común ya que normalmente no se me retrasa más de tres días. Ine...